Albert K. Barume, quien asumió recientemente el cargo de relator especial sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas, es el primer africano en ocupar esta posición. Originario de Bukavu, República Democrática del Congo, Barume tiene una vasta trayectoria en derechos humanos y en la defensa de los pueblos indígenas.

Fue clave en la creación de la Declaración de la ONU sobre los derechos de los pueblos indígenas en 2007. Durante el Foro de los Pueblos Indígenas y el 48º período de sesiones del Consejo de Gobernadores del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola de la ONU (FIDA), celebrado en Roma, el relator conversó con EL PAÍS sobre los derechos fundamentales de los pueblos indígenas, su cultura y la crisis global actual.

La autodeterminación como derecho esencial

Según Barume, el derecho a la autodeterminación es fundamental para los pueblos indígenas, pues les permite decidir sobre su propio futuro. «Es lo que les da identidad», afirma. Este derecho, explica, es la base de muchos otros derechos, como la soberanía alimentaria, ya que los pueblos indígenas deben tener control sobre sus sistemas productivos y alimentarios. «Sin la capacidad de decidir sobre su sistema alimentario, no pueden ser lo que quieren ser», subraya Barume.

La comida: más que nutrición, un símbolo cultural

La comida es un elemento central en la vida de los pueblos indígenas. No solo alimenta, sino que también representa su historia, sus creencias y su identidad. Barume sostiene que los pueblos indígenas no pueden existir sin su sistema alimentario tradicional, ya que es clave para transmitir sus valores y conocimientos. En muchos casos, la comida se convierte en el principal vínculo de los pueblos con su cultura y su historia. «La comida es un acto de pertenencia», afirma.

El camino hacia la soberanía alimentaria

Barume señala que los pueblos indígenas han sido históricamente víctimas de la colonización y la globalización, que han degradado sus tradiciones alimentarias. «El derecho a la libre determinación debe ir acompañado de la recuperación del orgullo por su comida tradicional», indica. Esta recuperación es vital, ya que garantiza que los pueblos indígenas tengan control sobre su seguridad alimentaria, algo esencial en el contexto de crisis climática.

Desafíos para la comunidad internacional

A pesar de los avances, Barume señala que aún queda mucho por hacer para garantizar que los derechos de los pueblos indígenas sean plenamente entendidos e implementados. «Los desafíos globales, como el cambio climático, han demostrado que los conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas son fundamentales», asegura. La humanidad debe aprender a valorar estos conocimientos y darles un lugar central en la lucha contra la crisis climática y la pérdida de biodiversidad.

Revalorizar los conocimientos indígenas

El relator también destaca la importancia de un cambio de mentalidad global. «La comida indígena ha sido degradada, y aún lo sigue siendo en algunos lugares», señala. Muchos niños indígenas, incluso, se avergüenzan de su propia comida. Barume cree que es necesario cambiar la percepción de los pueblos indígenas y reconocer el valor de sus culturas y tradiciones. «Es hora de preguntarnos cómo los pueblos indígenas pueden contribuir al bienestar de toda la humanidad», dice.

El acceso a la financiación climática

A pesar de ser una de las comunidades más vulnerables a la crisis climática, Barume resalta que los pueblos indígenas aún no reciben la financiación adecuada para hacer frente a estos desafíos. La Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas establece de manera clara su derecho al acceso a fondos para enfrentar el cambio climático. «Los recursos deben llegar directamente a los pueblos indígenas, sin intermediarios», insiste Barume, rechazando la idea de que estos pueblos no son capaces de gestionar grandes fondos.

Las mujeres indígenas, una doble vulnerabilidad

Las mujeres indígenas enfrentan una vulnerabilidad aún mayor. A menudo son tratadas de forma discriminatoria y carecen de los mismos derechos y servicios que el resto de la población. «Las mujeres indígenas sufren una discriminación cuatro o cinco veces mayor que otras personas», afirma Barume, destacando la necesidad urgente de abordar esta desigualdad.

En resumen, Albert K. Barume resalta la importancia de valorar y respetar los derechos de los pueblos indígenas, no solo como una cuestión de justicia social, sino como una necesidad para la humanidad en su conjunto. Los conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas son esenciales para enfrentar desafíos globales, como el cambio climático, y es necesario garantizar su autonomía, identidad y bienestar.

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