A las 8:11 de la noche del 23 de febrero, tropas del Batallón de Infantería de Selva N.º 12 y del Batallón de Alta Montaña N.º 3 ingresaron a la vereda Remolinos, corregimiento Danubio, zona rural de Florencia, Caquetá.

La operación fue rápida y estratégica: inserción en terreno, aseguramiento del perímetro y control total del área. Allí ubicaron a tres adolescentes que, según el reporte oficial, integraban la estructura ‘Rodrigo Cadete’, del Bloque Jorge Suárez Briceño, facción de alias ‘Calarcá’.

No portaban armas. Eran menores de edad.

En el mismo lugar recibieron atención médica primaria y luego fueron trasladadas a una zona segura para activar la ruta de restablecimiento de derechos. El alto mando militar las señaló como víctimas de reclutamiento forzado.

Pero mientras se habla de éxito operacional, en el norte del Caquetá lo que se respira es dolor y furia.

Porque esto no es nuevo. No es un caso aislado.

Una mujer en Florencia, con rabia contenida, lo dijo sin titubeos:

“¡Que hagan eso con los menores no tiene perdón! A mi familiar también se lo llevaron… un niño de 12 años. Lo desaparecieron. Y aquí todo sigue igual.”

Tres fueron recuperadas.

¿Pero cuántos más siguen en la selva?

En el Caquetá la guerra no solo deja muertos… también se roba la infancia.

¿Hasta cuándo?

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