Por: William Vianney Solano
Periodista y Defensor de Derechos Humanos

Considero una mente muy infantil el hecho de creer que lo que sucede con el paro en Colombia es una guerra entre buenos y malos, no lo creo; lo que sí creo es que acá todos lo estamos haciendo mal e incluso hasta para hacer el bien, debemos saberlo hacer para que no quede mal hecho. Todos estamos fallando en esta gran oportunidad, sobre todo los que ya no les importa el paro.

A los jóvenes que iniciaron todas estas manifestaciones y que todavía continúan en las bases de la resistencia, los han dejado solos y ha sido por muchos motivos, primero porque como el país está polarizado, del bando de allá, infiltraron las protestas sanas y las vandalizaron, para poder luego justificar un ataque; no se puede olvidar las escenas del ESMAD atacando solo a las marchas, pero a los que se entraban en las entidades bancarias, o supermercados, nunca les llegó el ESMAD o la policía, casual o no, los antimotines estaban ocupados persiguiendo gente buena.

Muchas cosas maravillosas tienen nuestros jóvenes y una de ellas es la defensa de sus ideales cueste lo que les cueste. Los muchachos de la resistencia se hacen matar primero que rendirse, por eso lograron superar la acción violenta de los antidisturbios, incluso, en más de una ocasión, reprendían a saboteadores de la marcha o castigaban severamente a quien aprovechaba las circunstancias para robar. Como esos obstáculos han sido superados, ahora llegan los de la camiseta blanca, que no son otra cosa que una especie de fuerza armada clasista apoyada por una élite, hablan de orar para que suene bonito, pero detrás de ellos incluso políticos reconocidos las promueven, esa era, además de señalarlos como vándalos por cerrar vías, los señalan de culpables de la falta de productos o desabastecimiento. También a los manifestantes los han señalados de ser manipulados por fuerzas de izquierda o grupos guerrilleros, como si nuestros jóvenes fueran cabezas huecas o idiotas útiles que comen cuento así de fácil; por no comer cuento es que nuestra muchachada está protestando en las calles.

Y mientras tanto el país se desangra, murieron Lucas Villa y Daniel Alejandro Zapata, manifestantes que habían resultado heridos en las protestas registradas el pasado 5 de mayo en Pereira, Risaralda y el 1° de mayo en Bogotá, respectivamente.

Mientras tanto en otra parte de la geografía colombiana, fue atacada con arma de fuego por un grupo armado no identificado, una patrulla de la Policía en zona rural de Sotará, Cauca, lo que generó un combate que no dejó víctimas. Tres vehículos de la policía fueron quemados por los atacantes.

Y el caos también llegó al norte del País, allí se presentó un combate entre dos grupos armados no identificados, esto fue en zona rural del corregimiento Banco de Arena en Cúcuta, Norte de Santander. 20 familias se desplazaron forzadamente

Entre tanto en Bogotá, en el portal Américas, se presentaron enfrentamientos entre manifestantes y la fuerza pública, además de ello, por una movilización se encuentran sin servicio el portal Suba y tres estaciones más de esa troncal del sistema de transporte masivo Transmilenio. Allí en la capital del país, fue amenazada Jennifer Pedraza, vocera de la Asociación Colombiana de Representantes de Educación Superior, en Bogotá. Las amenazas ocurrieron mediante mensajes de texto.

También en Bogotá, se presenta un bloqueo en la avenida Primero de mayo con carrera décima que afecta la movilidad sobre ese sector de la troncal décima y a su turno en Cali, se presentaron enfrentamientos entre manifestantes y la fuerza pública en la glorieta de Siloé y la Portada al Mar, en los que resultaron heridas al menos 20 personas. En Cali persisten al menos 18 bloqueos viales.

Los muchachos ahora los malos son ellos, los culpan del desabastecimiento, los señalan de tener vínculos con grupos de terroristas y sistemáticamente los irán desapareciendo.

Será su exterminio ante los ojos del mundo, una pregunta, ¿dónde están llevando a los desaparecidos?