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Madrid, 22 ene (EFE).- Para el chileno Alejandro Aravena, Premio Pritzker 2016, «una ciudad no es una acumulación de casas, es una concentración de oportunidades de acceso a mejores trabajos, educación, salud, transporte o recreación» y mejorar la situación no es solo cuestión de dinero, como demuestran los casos de Bogotá y Medellín.

«En Latinoamérica me interesa mucho lo que ha hecho Colombia, lo que ha hecho Medellín, por ejemplo, lo que ha hecho Bogotá y especialmente por medio de algunos alcaldes, como (Enrique) Peñalosa, o (Sergio) Fajardo o (Anibal) Gaviria», ha señalado en referencia a los regidores de esas dos ciudades.

En declaraciones a EFE antes de participar este lunes en Madrid en la presentación del Instituto Norman Foster, Aravena ha explicado que en ambos casos se identificaron cuestiones de infraestructuras, de espacios públicos o transporte «como mecanismos de integración de esas periferias carentes de oportunidades».

Y en el caso de Colombia todo se centró en una única idea. «El recurso más escaso en ciudad no es el dinero, es la coordinación. Y ha habido una visión de esos políticos de coordinar acciones que son multisectoriales». Porque

Lo importante para Aravena, que consiguió el Pritzker por una arquitectura que «conjuga hábilmente la responsabilidad social, las necesidades económicas y el diseño de hábitats humanos», es que en Colombia, «con todas las circunstancias más adversas que uno puede imaginar, lograron hacer un cambio».

«Entonces se nos acabaron las excusas al resto para no hacerlo también», ha agregado el arquitecto.

En Latinoamérica el proceso del traslado del campo a la ciudad se produjo hace dos décadas, «pero ocurrió con enormes masas de gente que vive informalmente en las ciudades y en esas periferias carentes de oportunidades».

En ese contexto, «hay demasiada gente que no tiene nada que perder» y ahí «entra el poder paralelo del mundo narco». «Yo diría que es donde el Estado de derecho ha sido reemplazado por la ley de la selva».

Un problema territorial, transversal y sobre todo, cultural, opina Aravena, para quien no se trata solo de una guerra contra el crimen, si no de «una sustitución de los valores de la civilización».

«Cuando la gente está concentrada en el espacio, las políticas públicas las puedes distribuir de manera más amplia, más democrática, pero al mismo tiempo son como bombas de tiempo, porque vivir concentrado genera fricciones y en ese sentido, lamentablemente las ciudades reflejan nuestras iniquidades de manera muy concreta», ha explicado el director del colectivo ELEMENTAL, que se centra en proyectos de impacto social e interés público.

De ahí su compromiso con mejorar loas ciudades porque eso supone «una oportunidad de corrección de inequidades», porque las urbes «son vehículos muy eficientes para mejorar la calidad de vida sin tener que esperar a la redistribución del ingreso».

Por eso, y aunque reconoce los valores de las ciudades escandinavas, en especial de Copenhague, considera que el ejemplo de las ciudades colombianas es mucho más rico.

Y programas como el del Instituto Norman Foster, en el que él participa, y que ha iniciado este lunes su primer Máster en Ciudades Sostenibles, son oportunidades «para usar a la ciudad como ese atajo hacia la equidad».

«Cuando estudié arquitectura, las cosas que hoy hago profesionalmente no formaban parte de mi, de mi formación. Supongo que tendremos que estar ser muy ágiles para tener oportunidades de estar actualizando el conocimiento. Y a veces instituciones como esta tienen esa capacidad de reaccionar antes». EFE

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