En las operaciones de leasing el cliente (locatario) elige el activo de su interés, de acuerdo con sus preferencias y necesidades. Con la elección hecha, es la entidad financiera la que adquiere ese activo a título propio y, posteriormente, lo pone a disposición del cliente para su uso y goce. Esta estructura contractual y de propiedad reduce considerablemente el riesgo asociado a la recuperación de la garantía si se presenta un incumplimiento por parte del cliente, lo que permite un uso más eficiente de los recursos.

Además, el leasing no solo representa una alternativa para la adquisición de bienes, sino que también constituye una oportunidad para quienes solo están interesados en acceder a determinado activo, pero sin detentar su propiedad bajo la modalidad de leasing operativo, también conocido como arrendamiento.

En este esquema, más asociado a modelos de pago por uso, el locatario entrega periódicamente un canon a cambio de la utilización del activo de su elección, y finalizado el término de la operación, restituye el activo, lo que resulta bastante práctico cuando se trata de instrumentos que presentan obsolescencia rápida como equipos de cómputo o incluso vehículos de transporte.

De acuerdo con Asobancaria, al poner la lupa en el segmento de vehículos, es importante mencionar que la modalidad de leasing operativo viene ganando terreno, pasando de $0,4 billones de cartera en 2020 a $4.3 billones en 2023, lo que representa un crecimiento de un 1.000%. Por su parte, el rubro de vehículos en leasing financiero muestra una variación del 34,2%, pasando de $3,9 billones a $5.3 billones en el mismo lapso. “Esto sugiere un nicho de mercado creciente donde el apetito se encuentra en tener acceso al vehículo, pero no ser el dueño de este. Incluso el leasing operativo viene acompañado mediante asociaciones, financiaciones empresariales que acompañan paquetes de servicios más completos como los de renting”, destaca la Asociación.

 

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