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Meses atrás, 13 jóvenes chocoanos habían ganado su pase de participación al RoboRave International 2019, cuando lograron el tercer lugar en un campeonato nacional de robótica. A China viajaron con dos entrenadores y con Jimmy García Caicedo, fundador y director de la Corporación Centro de Innovación del Pacífico.

En 2015, año en que muchos de ellos se graduaron y obtuvieron becas para estudiar en la universidad, Jimmy supo que tenían con que llegar lejos.

Luego de tocar varias puertas para llevar esta iniciativa y no lograr apoyo, decidió hacerlo con sus propios medios, y emprendió el piloto como un modelo de formación en liderazgo y clases de robótica. García apadrinó a un grupo pequeño; sin embargo, después de tres meses, la escuela se convirtió en una realidad y así vio la luz un taller de innovación comunitaria.

Paradójicamente, el Massachusetts Institute of Technology (MIT) fue uno de los primeros aliados de ese taller. Gracias a la Fundación Manos Visibles, lograron que la prestigiosa institución los apoyara con su programa de liderazgo y generación de valor social. Luego recibieron el respaldo de organizaciones como Usaid, Innovation Girls, Detonante y ACDI/VOCA.

Con la experiencia ganada, el proyecto se convirtió en un centro de innovación con tres líneas de incidencia: la escuela de robótica, donde los niños plantean soluciones a las problemáticas; el laboratorio de innovación social, en el que construyen esas soluciones; y un espacio de emprendimiento, con el que monetizan sus iniciativas. El grupo, de poco más de 40 integrantes, ha diseñado sus creaciones para resolver los problemas de su comunidad.

Tres años después, ese objetivo materializado los llevó hasta China. Jimmy voló con 13 jóvenes para representar al país en una de las competencias más importantes de robótica. El desafío de embarcarse en ese viaje parecía insuperable, el equipo chocoano necesitaba 150 millones de pesos y plata no había.

Días después de clasificar al RoboRave International realizaron diversas actividades para cubrir los gastos del viaje, desde rifas y ‘vacas’ hasta lechonas robóticas. “Finalmente recibieron un gran apoyo de la embajada de China en Colombia, que decidió contribuir con el dinero que necesitaban, y así pudieron reunir los recursos para viajar.

A China llevaron tres robots. En la competencia, cada aparato debía recorrer, en el menor tiempo posible, una línea negra sobre una pista blanca, para ubicar unas pelotas en una torre. El equipo chocoano participó con un robot seguidor de línea, dotado con sensores infrarrojos, que diferenciaba entre colores oscuros y claros para identificar el camino que debía recorrer.

Por medio de sensores y la programación, el robot podía transitar el camino y evadir los obstáculos, mientras cargaba un contenedor con 300 pelotas de ping-pong que debía depositar en una caja al final de la pista. Al terminar la competencia y a punta de ingenio, el equipo chocoano había superado a más de 700 delegaciones para ubicarse entre los 20 mejores equipos.

Jimmy y sus jóvenes regresaron a Colombia con un logro para su departamento, que los recibió con orgullo tras nueve días de un viaje lleno de aprendizaje y creatividad. “Ahora nos tocó a nosotros; pero vienen muchos otros procesos educativos y culturales, muy buenos para nuestra región, que ya saben que sí es posible lograr las metas, por difícil que parezca el camino”, dijo Jimmy. García hoy da ejemplo de sacrificio y liderazgo en una tierra que les enseña a sus nuevas generaciones que hay que perseguir los sueños hasta China, si es necesario.

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