Entramos en la recta final de la campaña presidencial. A finales de mayo tendremos que concurrir a las urnas con el fin de decidir cuál será el futuro de nuestro país.

Son estas unas elecciones definitivas en las que está en juego la subsistencia de los principios republicanos que hemos forjado con muchísimo esfuerzo a lo largo de los últimos doscientos años de independencia.

Los cantos de la sirena socialista han atraído a muchísimos colombianos que se disponen a votar por Gustavo Petro cuya victoria sería una absoluta desgracia para el país. La política debe hacerse con juicio, rigor, disciplina y argumentos.

Llevamos años demostrando razonadamente la inconveniencia de las propuestas petristas y, a pesar de ello, aún hay quienes insisten en endosar su respaldo a ellas.

No obstante, son más los colombianos que no están dispuestos a permitir que su libertad sea depositada en las manos de un individuo abiertamente irrespetuoso de las reglas democráticas, que no respeta el disenso, que maltrata a sus opositores, que agrede el honor de la Fuerza Pública.

Que persigue a la propiedad privada, que propone un modelo intervencionista, que maltrata a la libertad de prensa y expresión, que estimula el accionar de estructuras delincuenciales como la Primera Línea.

Que se rodea de políticos involucrados en actos de corrupción, que impulsó el retorno de la temible Piedad Córdoba al Congreso de la República, que aplaude el matoneo a través de las redes sociales, que miente sistemáticamente…

Me quedaría horas y horas haciendo el listado de las barbaridades relacionadas con Gustavo Petro. 

Esta es una campaña compleja, que se adelanta en medio de un clima hostil generado por la izquierda que irresponsablemente se ha encargado de llenar de odio a millones de colombianos, la mayoría jóvenes.

Muchos seguidores del pacto histórico ven a estas elecciones como una confrontación definitiva, como si se tratara de una batalla final, cuando no es así. La confrontación electoral implica garantizar el respeto hacia las tendencias que sean derrotadas.

Quien gane unas elecciones tiene el deber de gobernar para todos, sin perseguir ni aplastar a sus contrincantes, como se anuncia sucederá en un eventual gobierno petrista.

Ahí vemos a abogados cercanos a Petro, que aspiran a dirigir la Fiscalía General de la Nación, amenazando con órdenes de captura a través de redes sociales, actitud deleznable que tiene un apestoso olor estalinista.

Este es un llamado desde el fondo de mi corazón para que hagamos el esfuerzo de dejar a un lado las emociones y las pasiones para darle cabida a la razón y al sano juicio.

Pensemos en lo mucho que nos ha costado construir esta bella patria, en las elevadas cuotas de dolor que millones de colombianos hemos tenido que asumir en aras de la libertad. Reflexionemos con cabeza fría porque en nuestras manos está el garantizar que en cuatro años haya unas elecciones libres.

Desde el mismo instante en que Óscar Iván Zuluaga declinó su aspiración presidencial, anuncié mi respaldo decidido a la campaña de ‘Fico’ Gutiérrez, un hombre admirable que gobernó con lujo de competencias a la ciudad de Medellín.

Fue un alcalde excepcional que dio sobradas muestras de destreza y de capacidad administrativa. Su transparencia y honradez son prenda de garantía de que su gobierno no solo estará alejado de los corruptos que viven de la savia de la República, sino que habrá una lucha frontal contra aquellos que se enriquecen fabulosamente a costa del erario.

El llamado es, entonces, para que todos, en la medida de nuestras posibilidades, nos metamos de lleno en esta campaña sin caer en la trampa que nos intentan poner algunos agresivos seguidores de Gustavo Petro consistente en desviar la atención de lo fundamental.

Pasemos de largo frente a los agravios e insultos y concentrémonos en la difusión, a través de todos los canales a nuestra disposición, del estupendo programa de gobierno que ‘Fico’ nos está proponiendo a todos los colombianos.

*Por: Margarita Restrepo, representante a la Cámara.